Técnicas que te ayudarán a planificar y estructurar los textos en las redes digitales. Francisco Javier Cervigon Ruckauer

Ahora que ya nos hemos familiarizado con los elementos esenciales de la redacción en internet y con las herramientas para ponerla en práctica, llega el momento de ponerse manos a la obra: ¡a escribir!
Pero, ojo, verás cómo no te resulta fácil: en el proceso de escritura, la primera dificultad te espera antes incluso de pulsar la primera tecla. Se produce en el momento en que decides qué vas a contar y qué estructura le vas a dar. En realidad, la tarea de escribir es fácil: es un acto mecánico que, si utilizas un teclado, consiste en mover tus dedos con orden y velocidad sobre las teclas. Tac, tac, tac. Simple.
La verdadera dificultad de la escritura es mental: consiste en pensar qué vamos escribir. Obviamente, yo no puedo enseñarte a pensar. En cambio, sí puedo darte algunas pistas para que plasmes tus ideas en un texto de manera eficaz. En esta unidad trataremos sobre esas técnicas que te ayudarán a planificar y estructurar los textos en las redes digitales.
3.1. Precomposición textual
La redacción de cualquier texto respeta ciertas etapas. Por más que la veteranía permita a algunos escritores improvisar un buen texto en un instante, lo cierto es que la composición de un texto siempre lleva aparejadas tres fases principales: la precomposición, la redacción y la revisión. A veces estas etapas se solapan entre sí, pero existen.
Como hemos visto en la unidad anterior, el uso de ciertas aplicaciones y recursos digitales puede ayudar al escritor en cualquiera de esas tres etapas. En particular, por lo que se refiere a la precomposición, la red ofrece una fuente excepcional de modelos y de ideas en las que inspirarse. Y además ofrece una plataforma documental incomparable: ¡qué sería de nosotros sin los buscadores y las enciclopedias digitales!
Además –y para lo que aquí más nos interesa–, la posibilidad de interconectar mediante el hipertexto documentos digitales previamente hallados en la red multiplica las posibilidades documentales de la escritura. Esta posibilidad documental se convierte, de hecho, en un requisito para una redacción digital avanzada: como veremos en una próxima unidad, enlazar bien la información es un aspecto clave y tiene su técnica.
Incorporar mediante el hipertexto documentación digital a nuestros textos aporta, además, credibilidad. En la medida en que le facilitamos al lector la posibilidad de comprobar por sí mismo en fuentes originales lo que le contamos, nuestras palabras ganan crédito. Los enlaces, en definitiva, además de aportar documentación, sirven para convencer.
La etapa inicial de documentación nos permite recopilar los datos y testimonios necesarios para elaborar nuestro texto. Son los ladrillos con los que levantaremos nuestro muro. Sin embargo, no toda documentación puede incluirse en un texto. Realizar esa labor de criba es imprescindible. Se suele decir, con razón, que internet no tiene límite de espacio; en consecuencia, quizá te despreocupes y pienses que puedes recoger todos –absolutamente todos– los datos en tu texto. Sería un grave error. El hecho de que la red permita publicar contenidos sin límite no significa que los lectores estén dispuestos a leer todo cuanto se les ofrece. Medir cuánta documentación se aporta y jerarquizar bien la información es imprescindible tanto fuera como dentro de internet.
Para conseguir esa correcta selección y jerarquización de los datos de tu texto, deberás reflexionar sobre cuáles son los elementos informativos fundamentales que deseas comunicar. Para esta labor de precomposición textual, cuentas con dos técnicas especialmente útiles: la regla de las cinco uves dobles y la tormenta de ideas.
3.2. Regla de las cinco uves dobles y tormenta de ideas
La regla de las cinco uves dobles (5W) es, probablemente, la primera técnica redaccional que se enseña a todo aprendiz de periodista. Consiste en responder en el texto a seis preguntas esenciales: quién, qué, dónde, cuándo, cómo y por qué. Es decir, contestar a preguntas como por ejemplo:
- ¿Quién es el protagonista de tu texto? ¿A quién afecta lo que explicas en él? A partir de lo que relatas, ¿quién debería actuar?
- Si tu texto es una narración, ¿qué ha ocurrido? Si es una solicitud, ¿qué deseas? Si es una propuesta, ¿qué propones?
- ¿Dónde ha ocurrido lo que explicas? ¿Dónde hay que tomar medidas?
- ¿Cuándo ha sucedido lo que cuentas? ¿Cuándo acaba el plazo de lo que propones?
- ¿Cómo ha ocurrido lo que relatas? ¿Cómo deseas que actúe tu lector? ¿Cómo se puede resolver el problema que describes?
- ¿Por qué han pasado los acontecimientos que relatas en tu texto? ¿Por qué cuentas lo que escribes?
Si te das cuenta, prácticamente cualquier texto profesional necesita responder a este tipo de preguntas. Por eso, si buscas respuesta a estas preguntas antes de comenzar a escribir tu texto, no olvidarás elementos informativos esenciales y podrás resolver tu tarea de escritura con rapidez y eficiencia.
De hecho, las cinco uves dobles pueden prestarte otra ayuda cuando se trata de escribir en internet: puedes aprovecharlas como herramienta para la organización hipertextual. Si pretendes fragmentar tu texto en diversas páginas –en la terminología teórica del hipertexto se las denomina nodos o lexias–, las cinco uves dobles pueden servirte como forma de distribuir la información de manera coherente. Así, por ejemplo, una vez resumidos en la página inicial los aspectos esenciales de la información que deseas comunicar, puedes ampliar a voluntad en otras páginas de segundo nivel detalles sobre el quién, qué, dónde, cuándo, cómo y/o por qué de la información.
A semejanza de la técnica de las cinco uves dobles, la tormenta de ideas permite descubrir aspectos informativos relevantes de una manera sencilla y productiva. La tormenta de ideas consiste en anotar con rapidez todos aquellos conceptos y pensamientos que acuden a la mente a propósito de un tema. Esa anotación puede hacerse bien en forma de listado o bien mediante un mapa conceptual cuyo centro está ocupado por el concepto que deseamos desarrollar.
Este mapa conceptual, además de servir para el descubrimiento y desarrollo de ideas relacionadas con el tema, tiene la ventaja añadida de servir como referencia para la estructuración hipertextual definitiva.
Una vez que se dispone de la materia prima informativa y se han detectado los elementos informativos esenciales, llega el momento de darles forma.
3.3. Estrategias de planificación textual
Hay cinco procedimientos principales para la planificación de los textos, que fueron descritos en 1993 por un profesor llamado Daniel Chandler. Él hablaba de cinco estrategias de escritura: la arquitectónica, la de enladrillado, la de pintura al óleo,  la de acuarela y la mixta.
  • Estrategia arquitéctónica («architectural strategy»): corresponde a los escritores que siguen un proceso sistemático de redacción, que distingue y respeta de forma consecutiva las etapas de planificación, redacción y revisión.
  • Estrategia de enladrillado («bricklayering strategy»): es la de los escritores que escriben frase a frase, y párrafo a párrafo. Son autores que, antes de seguir adelante, revisan varias veces cada línea que acaban de escribir hasta cerciorarse de su perfección. Así, actúan como un albañil que, antes de colocar su próximo ladrilo, se asegura de que el anterior ha quedado perfectamente asentado.
  • Estrategia de pintura al óleo («oil painting strategy»): corresponde a los escritores que acostumbran a escribir sus textos en sucesivas «manos». Cuando se pinta al óleo es preciso que la mano anterior se haya secado antes de añadir nuevos colores. De un modo análogo, el escritor que responde a este patrón compositivo elabora inicialmente un borrador general de todo su escrito que, más tarde, pule y completa en sucesivas revisiones.
  • Estrategia de acuarela («water-colour strategy»): la pintura con acuarelas, a diferencia de la pintura al óleo, obliga a sopesar cada pincelada, pues aquello que se pinta ya no puede ser borrado. Por eso suele ser una pintura más ágil, que se resuelve en pocas pinceladas. De forma similar, el escritor que actúa conforme a este modelo de composición pretende obtener una versión definitiva a la primera, con mínimas revisiones.
  • Estrategias mixtas («mixed strategies»). Las estrategias mixtas, obviamente, son aquellas que resultan de combinar dos o más de las estrategias ya descritas. Esto puede ocurrir en un mismo escrito o bien, más comúnmente, en diferentes textos elaborados por un mismo autor.
 
3.4. Del texto al hipertexto: estructuras
¿Qué importancia tienen las estrategias descritas por Chandler en la redacción digital? Más de la que parece. La composición de un texto digital rico en elementos hipertextuales, interactivos y multimedia difícilmente puede ser resultado de la improvisación. Elaborar piezas con diversos itinerarios narrativos, abiertas a la participación del lector y donde se combinen textos, imágenes y sonidos, no es algo que se pueda hacer de manera espontánea.
Si deseas profundizar en las posibilidades hipertextuales, necesitarás recurrir probablemente a formas de composición más reposadas y sistematizadas. En particular, a la estrategia arquitectónica. No por casualidad, a los editores de contenidos para medios digitales se les ha comenzado a denominar «arquitectos de la información».
Un hipertexto es un conjunto de nodos de información vinculados entre sí. Es, por tanto, un agregado de fragmentos autónomos que el usuario puede consumir de manera absoluta o parcial, y en un orden tanto predeterminado como libre. Los fragmentos o nodos hipertextuales pueden disponerse, además, en un único nivel superficial, o bien organizarse en varios niveles de profundidad. Salta a la vista que tal complejidad estructural requiere del escritor de hipertextos una sopesada planificación para evitar que el usuario se desoriente. El escritor de hipertextos debe, por tanto, tener dotes de arquitecto.
La planificación hipertextual se realiza básicamente de dos maneras: en primer lugar, estratificando las páginas o nodos de información y, en segundo, organizando los flujos o itinerarios entre páginas por las que habrá de moverse el futuro lector. Siguiendo la metáfora del arquitecto, esto obliga a distribuir las estancias del edificio en distintos pisos y, además, obliga a diseñar pasillos, escaleras y pasarelas que conecten esas estancias entre sí.
Cuando un escritor idea un hipertexto debe elaborar un mapa en el que queden representadas todas sus páginas. Esas páginas o nodos, además, se representarán de manera jerárquica, mostrando las relaciones de yuxtaposición y/o subordinación respecto de otros nodos. De esta manera, el autor del hipertexto puede determinar qué tipo de contenidos deben incluirse en cada nodo y cuál es su lugar idóneo en el conjunto.
Las estructuras hipertextuales básicas son dos: la lineales (o axiales, es decir, que respetan un eje) y las reticulares (que tienen forma de red).
Las estructuras lineales son aquellas que organizan el discurso siguiendo un eje principal. En ellas, el autor marca un itinerario definido de lectura, que respeta un orden episódico o consecutivo.
Estas estructuras lineales pueden tener una o varias líneas. Cuando tienen una sola línea, estamos ante una estructura unilineal:

Si la estructura propone varias líneas nos encontramos, obviamente, ante una estructura multilineal:

Las estructuras multilineales pueden ser, a su vez, de dos tipos: jerárquicas (también se denominan arbóreas) y paralelas.


 
Finalmente, al margen de las diversas estructuras lineales, se encuentran las estructuras reticulares. Adoptan este nombre porque están tejidas en forma de red y, por tanto, en ellas no hay un punto de partida ni un final definidos: es el propio lector quien crea su propio itinerario de navegación.

Vídeo 3.2 Arquitectura de hipertextos II. Francisco Javier Cervigon Ruckauer


Módulo 3: Técnicas de redacción en internet (1): arquitectura de hipertextos. Francisco Javier Cervigon Ruckauer

Vídeo 3.1

Arquitectura de hipertextos I

Recursos de la red útiles para escritores. Francisco Javier Cervigon Ruckauer

En esta unidad conoceremos diversos recursos de la red útiles para escritores. Veremos distintas herramientas que, usadas con acierto, te permitirán mejorar tanto tu proceso de escritura como su resultado.
Prepara tu navegador, porque tendrás que explorar varios sitios web.
 
2.1. Procesadores de textos
Casi con toda seguridad, ya dispondrás en tu ordenador de algún programa para la redacción. Cualquier sistema operativo incluye como mínimo una aplicación básica, pero es muy probable que dispongas de programas más avanzados. Los hay de pago, pero también gratuitos. Asimismo, los hay en forma de aplicaciones de escritorio o como procesadores de texto en red.
Entre los programas gratuitos de escritorio, probablemente el más completo sea el de la suite ofimática OpenOffice:
Entre los procesadores de texto en la red, el más popular es el de Google. Ten en cuenta que, este recurso, además de ofrecerte las principales posibilidades de cualquier procesador de textos, te ofrece dos características muy útiles ara determinadas circunstancias: 1) permite archivar los documentos en la propia red y 2) admite la escritura colaborativa de documentos por parte de varios usuarios.
 
2.2. Correctores automáticos
Otra herramienta útil para los escritores son los correctores automáticos. Te permiten localizar palabras en las que has olvidado alguna letra o que no concuerdan gramaticalmente con la frase donde están insertas. Sin embargo, ¡cuidado!, porque estos correctores son muy traicioneros. El idioma español esconde muchos términos homófonos –es decir, palabras que suenan igual pero se escriben de diferente manera. Me refiero a expresiones como “acerca” y “ a cerca”, “basto” (con B) y “vasto” (con V)… Hay infinidad de casos parecidos en los que solo tu adecuado conocimiento ortográfico te permitirá evitar el error. En esos casos, jamás te fíes de un corrector automático.
Los procesadores de textos suelen llevar incorporada su propia herramienta de corrección automática. Sin embargo, también los hay en la red. Prueba, por ejemplo, este:
 
2.3. Diccionarios
Otro recurso imprescindible para cualquier escritor es un buen diccionario. Quienes escribimos en español, tenemos dos imprescindibles, elaborados ambos por la Real Academia Española.
El primero es, por supuesto, el Diccionario de la Real Academia Española, la principal obra de referencia para todos los hispanohablantes.

Ten presente, además, que puedes consultar cualquier palabra de forma sencilla. Basta con escribir esto:
drae22.rae.es/<palabra que deseas consultar>
El segundo es algo más especializado. Se trata del Diccionario Panhispánico de Dudas y, como su nombre indica, en él podemos resolver duda léxicas sobre términos de uso poco claro para muchos hablantes y también sobre neologismos.
Si esos diccionarios no te bastan, no dejes de echar un vistazo a este listado:
 
2.4. Sinónimos
¿Cuántas veces has sufrido mientras escribes por tener un término en la punta de la lengua que no termina de salirte? Para evitar esa incómoda sensación y dar variedad léxica a tus textos, te ayudarán los diccionarios de sinónimos. Los buenos procesadores de textos suelen incluir este tipo de recursos pero si no lo tienes, o el que tienes no te convence del todo, puedes probar también con herramientas en la red. Mira esta, por ejemplo:
 
2.5. Glosarios
Otro buen recurso para enriquecer tu léxico son los glosarios. Un glosario es un amplio listado de términos y expresiones relacionados con alguna disciplina. Por eso, es especialmente útil cuando escribimos sobre algún asunto especializado. En esos casos, necesitamos manejar la terminología de esa disciplina. En ese esfuerzo por alcanzar una máxima precisión, viene bien tener a mano algún glosario sobre esa materia.
Hay muchos glosarios en la red: unos más amplios, otros más limitados; unos más especializados, otros más generales.
Este seguro que te resultará simpático: es un glosario sobre expresiones coloquiales.
 
2.6. Traductores
Muchas veces, la terminología especializada que debemos emplear en nuestros escrito ni siquiera está en nuestro idioma. En esos casos, nos vemos obligados a manejarnos con términos y texto completos en otras lenguas. Lo mejor, por supuesto, es aprender a fondo esas lenguas extranjeras, pero, en cualquier caso, siempre te vendrá bien tener a mano traductores automáticos. Ten presente, sin embargo, que estas herramientas fallan mucho, así que mejor si no te confías.
Aquí tienes algunos útiles traductores automáticos en la red:
 
2.7. Libros de estilo
Muchos medios de comunicación e, incluso, algunas organizaciones disponen de los “libros” o “manuales” de estilo. Estas publicaciones suelen tener dos partes principales: la primera son normas de actuación para los profesionales de esas organizaciones. Esta parte, en principio, no nos interesa como escritores. La segunda parte, en cambio, sí que nos puede resultar muy útil: en ella, los manuales de estilo aclaran usos léxicos y proporcionan orientaciones para evitar errores de expresión.
Aquí tienes algunos utilísimos para cualquier escritor hispano en la red:


2.8. Portales de recursos para escritores
Si todos los recursos que te he mostrado hasta ahora te parecen pocos, tranquilo, porque hay más. En este caso, te animo a que los explores por tu cuenta, en función de tus gustos y necesidades.
En español disponemos de un formidable portal para hallar prácticamente cualquier tipo de recurso relacionado con el buen uso de nuestra lengua. Es este:
 
2.9. Sistemas de medición de la legibilidad
Finalmente, y aunque no los menciono en el vídeo de esta unidad, te hablaré sobre un último recurso digital que te servirá para evaluar el nivel de claridad de tus textos. Me refiero a los sistemas de medición de la legibilidad.
¿En qué consisten? Para entenderlo, debemos aclarar en primer lugar qué entendemos por legibilidad.
De un tiempo a esta parte, las pantallas de los dispositivos digitales han mejorado sustancialmente sus prestaciones. Su alta resolución gráfica permite distinguir detalles cada vez más diminutos. Han optimizado asimismo los sistemas de definición del color y han diversificado las tipografías, adaptándolas a formatos de pantalla minúsculos. Todas estas mejoras se han centrado en perfeccionar la legibilidad técnica de los dispositivos digitales, y a fe que lo están consiguiendo.
Ahora bien, cuando se trata de mostrar nuestros textos en internet, esta mejora de las condiciones técnicas para la lectura, aunque necesaria, no es suficiente. Para que nuestros textos sean legibles no basta con que sus letras se distingan con claridad. Es preciso, además, que su composición discursiva sea acertada. Y es en este terreno donde inciden los sistemas de medición de la legibilidad..
Los anglosajones distinguen dos conceptos: «legibility» y «readability». No es fácil discriminar ambos términos en español, pues en nuestro idioma empleamos una única palabra para designar los dos conceptos: «legibilidad». En inglés, en cambio, ambos términos guardan una diferencia sutil pero importante. La legibility alude a los aspectos formales de la lectura, como el contraste de las letras, su tamaño o el interlineado. Se refiere, en suma, a todos esos elementos técnicos que mejoran la presentación gráfica de un texto y lo hacen más fácil de leer. La readability, en cambio, alude a rasgos internos del texto: a elementos como su organización discursiva, la sintaxis, o la claridad y precisión léxicas. En definitiva, si la legibility apunta hacia la comodidad de visión, la readability se centra en la facilidad de comprensión.
Los desarrolladores de tecnologías y los diseñadores, cada uno en su faceta, se han ocupado en los últimos años de mejorar lalegibility de los textos en los medios periodísticos digitales. Sin embargo, esas mejoras no han ido acompañadas de un avance paralelo en el segundo pilar: la claridad en la escritura. Compete a los escritores en internet ocuparse de esa segunda faceta, lareadability de los textos. Ninguna máquina nos eximirá de redactar textos claros, ordenados y atractivos.
Por desgracia, basta con dar un rápido repaso a cualquier página web para hallar una antología de textos descuidados, imprecisos y obtusos. Ciertas páginas están escritas de modo tan farragoso que parecen sudokus.
Pulir esas deficiencias supone un esfuerzo de años. El único modo eficaz que se conoce para aprender a escribir bien es… leer. Y ejercitarse en la escritura, claro. Sin esos dos requisitos previos, no habrá sistema ni herramienta que te permita mejorar en tu escritura.
Ahora bien, a medida que avances en ese esfuerzo, puedes medir tus progresos con recursos digitales que evalúan la legibilidad –entendida como readability– de tus textos; es decir, herramientas que ponderan tu capacidad de expresarte con síntesis, precisión y orden.
En el siglo XX se propuso un sistema para eso: el Fog Index o índice de complejidad de Gunning.
¿Qué es? En 1952, un empresario americano llamado Robert Gunning propuso una fórmula matemática que, supuestamente, permitiría medir la legibilidad de los textos en inglés. Se trata de un algoritmo –es decir, de una secuencia de operaciones matemáticas– que mide el nivel de complejidad sintáctica de un texto. Según el índice de Gunning, cuanto más cortas sean las frases y más sencillas las palabras, la facilidad para comprender un texto aumentará. Y viceversa: si se escribe con frases muy largas y palabras extrañas, la dificultad para entender un texto se multiplica. Por eso, Gunning resolvió denominar a su sistema Fog Index (como sabes, el término inglés «fog» significa ‘niebla’ o, de manera más genérica, también ‘confusión’). El índice de Gunning mide, por tanto, el nivel de complejidad de un texto.
Este índice está pensado para la lengua inglesa, cuya estructura sintáctica tiende a ser más sencilla que la del español. Así y todo, nos puede servir para calibrar la claridad de nuestros textos.
Te propongo un ejercicio para completar esta unidad: ve a la web que te indico a continuación y pega un texto que hayas escrito. Mide su índice de complejidad y, a continuación, reescribe ese texto tratando de aclarar su expresión sin reducir el contenido. El objetivo es que, sin perder densidad de contenido, seas capaz de decir lo mismo con menos palabras y de más orden.
Esta es la página donde podrás medir el nivel de legibilidad de tus textos, conforme al índice de Gunning: 
Si este índice no te convence –como he dicho, es especialmente cuestionable su validez para idiomas que no sean el inglés–, te animo al menos a que evalúes la extensión media de tus frases y párrafos con esta otra herramienta:

Vídeo 2.3 Recursos para mejorar la redacción en internet III. Francisco Javier Cervigon Ruckauer